Me gustaría recomendaros un libro de Kieran Egan (1994), del
cual me he leído unos capítulos y me
parece muy interesante y del que se pueden sacar muchas ideas a partir de él para los docentes de Educación Infantil.
El libro se titula Fantasía e imaginación:
su poder en la enseñanza y de él me he leído el CAPÍTULO I Imaginación y aprendizaje y el CAPÍTULO
II Cuentos, metáforas y objetivos.
Portada del libro de Egan (1994). Fantasía e imaginación: su poder en la enseñanza
Como bien indica el título, el libro trata sobre cómo
utilizar la fantasía y la imaginación como herramientas de aprendizaje, cosa
que no todos los docentes emplean y esto es una pena. No hay nada más increíble
que despertar la fantasía del niño/a, que utilicen la imaginación a la hora de
realizar cualquier cosa y con más motivo aún en la escuela. Aunque muchos
docentes no los utilicen, sí conocen la potencialidad de dichos recursos. En el
centro en el que estoy realizando las prácticas, mi tutora sí emplea el cuento
como recurso educativo, aunque no tanto como le gustaría.
Muchos de los recursos que se utilizan hoy en día en
muchas de las escuelas, como podrían ser las fichas o los libros de texto, realizan
el proceso contrario, eliminando todo proceso creativo y suprimiendo la
imaginación. En muchos de los casos, se deja esto también de lado a la hora de
realizar investigaciones educativas, “las investigaciones más recientes sobre
la comprensión de los niños acerca de los relatos suelen dejar de lado sus
cualidades imaginativas, ocupándose del habitual conjunto de destrezas lógicas
“aprehensibles”” (Stein y Trabasso, 1981, citado en Egan, 1994:36).
En el Capítulo I se pone en entredicho la secuencia que
se suponen que deben de seguir algunos de los principios que se utilizan hoy
día con gran frecuencia (a los que el autor denomina “principios ad hoc”) y que
algunos docentes se limitan a seguir dichas secuencias sin más, sin cuestionarse
si éstas tienen validez en lo que estén realizando. Los principios “ad hoc” de
los que habla el autor son los siguientes: de lo concreto a lo abstracto, de lo
simple a lo complejo, de lo conocido a lo desconocido, de la manipulación
activa a la conceptualización simbólica, etc.
El autor establece que dichos principios no siempre
siguen el mismo orden y pone de ejemplo el cuento de La Cenicienta, en el cual aparecen conceptos abstractos opuestos
como pueden ser bondad y crueldad, miedo y esperanza, bueno y malo…“Para que la
historia “concreta” de La Cenicienta
tenga sentido, los niños deben “poseer” de algún modo estos conceptos
abstractos. Es decir, la abstracción es antecedente y condición necesaria para
que puedan entender el relato concreto.” (Egan, 1994:21). De modo que, los
niños/as han adquirido estos conceptos abstractos anteriormente, mediante
experiencias concretas que han hecho que se aprendan dichos conceptos
abstractos. También es antecedente el aprendizaje de la estructura de los
cuentos: “los cuentos sólo tienen
sentido en cuanto tales si ya disponemos de alguna idea abstracta de
argumento que organice y dé sentido a la fuerza afectiva del relato” (Egan,
1994: 22)
Por tanto, el principio de lo concreto a lo abstracto sí
es útil para llevar a cabo algunos aprendizajes, pero en otras ocasiones no lo
es, la mente no asimila el conocimiento siguiendo siempre la misma secuencia a
la hora de ser aprendido. A veces, se parte de lo concreto para llegar a lo
abstracto y otras, en cambio, se sigue el proceso contrario. No tiene por qué
ser siempre de la misma forma, ya que la mente humana es tan compleja y tiene
tantas posibilidades y conexiones, que sería inútil asignarle una sola
posibilidad o estructura, así que no sería válido emplear siempre el mismo
principio.
La intención del autor no es establecer que el principio
de lo concreto a lo abstracto es erróneo, sino equilibrarlo con “de lo
abstracto a lo concreto”, ninguno de los dos debe de tener más importancia que
el otro, sino que uno debe utilizarse para algunas situaciones y el otro para otras.
“Otorgarle una validez general es como equiparar todo el firmamento nocturno
con la claridad de la luna” (Egan, 1994: 31).
Lo mismo pasa con el principio de lo conocido a lo
desconocido, porque ya con los cuentos no se sigue esta secuenciación, en éstos
“algunos personajes fantásticos se pueden considerar una parte importante del
mundo conocido de los niños” (Egan, 1994: 27).
Por otro lado, voy a hablar de la utilización de los
cuentos como recurso educativo en el aula y mi opinión acerca de este tema es
que los cuentos son recursos motivadores que hacen que el alumnado mantenga la
atención, ya que nunca he podido observar que a un niño/a no le interesen los
cuentos a estas edades y no se sienta atraído por ellos, metiéndose en la
historia rápidamente. Por ello, son un gran recurso para introducir un tema o proyecto y que yo he utilizado en
mi propio proyecto de intervención autónoma.
En mi período de prácticas he podido observar cómo los
niños/as se interesan por los cuentos que van sacando de la biblioteca, se los
leen muy rápido y aprenden muchas cosas con ellos, contando constantemente cosas
que en ellos ocurre. Los niños/as en el aula que estoy de prácticas pueden
utilizar cuentos cada vez que lo deseen, ya que estos se encuentran en una
estantería al alcance de todos y todas. Y también he observado que no los dejan
de lado, los utilizan cada día, sobre todo en el tiempo de juego libre o cuando
terminan de desayunar. Es de gran importancia poner éstos al alcance de todos
los niños/as para que los puedan utilizar en todo momento.
Como docentes, a la hora de buscar un cuento es muy
importante tener en cuenta una planificación “necesitamos tener claro nuestro
producto u objetivo desde el principio; tenemos que organizar el contenido,
decidir nuestros procedimientos narrativos y preparar alguna forma de descubrir
si hemos desarrollado el cuento de manera satisfactoria” (Egan, 1994: 55). Esto
si se hace en el centro donde realizo las prácticas, otorgándole gran
importancia a la elaboración y en comprobar si ha sido comprendido.
De igual manera se puede plantear la planificación de la
enseñanza siguiendo la forma narrativa del cuento, logrando así un mayor
equilibrio. “Un modelo de enseñanza que se funde en la fuerza de la narración
asegurará el planteamiento de un conflicto o un sentido de tensión dramática al
principio de nuestras clases o unidades. De este modo, creamos una expectativa
que se satisfará al final. Este ritmo de expectativas y satisfacciones nos
proporcionará la clave para seleccionar con precisión los contenidos” (Egan,
1994: 40 y 41).
También se puede comparar el ritmo del cuento con la
estructuración de un proyecto de intervención, ya que el proyecto debe de
empezar también con expectativas, desarrollarlo como en el nudo y una
resolución final.
Algo a destacar también es que, con los cuentos se pueden
trabajar todos los temas que se deseen: emociones, amistad, diversidad… “Los
cuentos son unas herramientas maravillosas para organizar y comunicar
significados de un modo eficaz” (Egan, 1994: 57). Y está en manos del docente
saber seleccionar de forma adecuada los cuentos que va a utilizar y también
teniendo en cuenta los intereses de nuestro grupo de alumnos/as, algo que
también menciona el autor en el capítulo segundo. En caso de no encontrar un
cuento que se adapte a lo que queremos, se puede elaborar uno por nosotros
mismos, incluyendo en él las metas que pretendemos que se consigan.
En cuanto a la comparación que hace el autor de la
planificación de la enseñanza con la
cadena de montaje, cabe destacar lo siguiente: “en la educación, no esperamos
ni debemos pretender que todos los alumnos en general se conviertan en
“productos” idénticos, ni siquiera que cada estudiante, en concreto, aprenda
una determinada lección del mismo modo que otro” (Egan, 1994: 52).
Y, para concluir, me gustaría hablar de algo que no se
menciona en el libro, unos fantásticos relatos que se han ido dejando atrás, se
trata de las fábulas. Éstas constan de moralejas que concluyen la historia a
tratar, por lo tanto es un gran método para educar en valores a los niños/as y esto
es de gran relevancia a estas edades, por ello me parecen una buena opción. En
muy pocos centros se utilizan fabulas para inculcar valores a sus alumnos y deberían
de utilizarse más, ya que estas historias suscitan el interés del niño/a y se
sienten atraídos por sus personajes, la mayoría de ellos animales.
En la actualidad, la fantasía y la imaginación sí aparecen
incluidos en el Currículum de forma directa, la ORDEN de 5 de agosto de 2008, por la que se desarrolla el Currículo
correspondiente a la Educación Infantil en Andalucía establece lo siguiente:
“La fantasía y la imaginación son elementos fundamentales para que el niño y la
niña aprendan sobre la relación entre las personas, sobre el mismo y sobre el
otro” (p. 28).
En definitiva, a pesar de que hoy día se da algo más de
importancia a estas herramientas de aprendizaje, todavía no lo suficiente, pienso
que la escuela no es consciente de los beneficios que estas producen en las
niñas y niños.
“Si seguimos
manteniendo como centro de atención la actividad intelectual imaginativa,
podremos construir una imagen más esperanzadora y menos restrictiva del niño en
cuanto a aprendiz” (Egan, 1994: 36).
Para finalizar, me quedo con la frase incluida en el
presente libro para resumir mi opinión acerca del tema: “Lo que denominamos
imaginación constituye también una herramienta de aprendizaje” (Egan, 1994: 32).
REFERENCIAS
- Libros:
- Egan, K. (1994). Imaginación y aprendizaje. En Egan, Fantasía e imaginación: su poder en la enseñanza, pp. 17-34. Madrid: Morata.
- Egan, K. (1994). Cuentos, metáforas y objetivos. En Egan, Fantasía e imaginación: su poder en la enseñanza, pp. 35-57. Madrid: Morata.
- Legislativa:
- España: Andalucía. ORDEN de 5 de agosto de 2008, por la que se desarrolla el Currículo correspondiente a la Educación Infantil en Andalucía. Boletín oficial de la Junta de Andalucía, 26 de agosto de 2008, núm. 169.

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